Después de 31 años de trabajo en la docencia, Andrea Ojeda comenzó a transitar una nueva etapa de su vida. La reconocida educadora de Coronel Pringles, que durante la última década se desempeñó como directora del Jardín de Infantes Nº 906 y que además ocupó cargos en otras instituciones, se acogió al beneficio jubilatorio y se despidió de una profesión a la que, según sus propias palabras, le dedicó su vida.
El proceso, sin embargo, no fue sencillo. La concreción de la jubilación se hizo esperar debido a cuestiones administrativas.
"Fue una resistencia del sistema, con algunas funciones que yo presenté para hacerme el trámite y tener el testeo de estar jubilada, pero hubo algunos inconvenientes con algunas planillas. Se hizo esperar un poco", contó.
Paradójicamente, su último día formal de trabajo coincidió con una jornada de paro docente. Aun así, Andrea decidió acercarse al jardín para dejar todo en orden.
"Tenía cosas pendientes y me las quería dejar el sistema para operar, y como tengo otra área administrativa como directora, hay cosas que sí o sí tienen que seguir sucediendo. Así que estoy acá manejando el 906", señaló.
A partir de ahora, las mañanas ya no comenzarán tan temprano, aunque reconoce que le costará adaptarse a la nueva rutina.
"Estoy segurísima de que no me voy a levantar temprano. Ya estoy acostumbrada", dijo entre risas.
Una trayectoria de más de tres décadas
Andrea se recibió en 1991 y apenas dos años después obtuvo su primer trabajo oficial.
"En el 93 tuve mi primer trabajo oficial. Mi primera salita a cargo fue en el Jardín 909, cuando funcionaba la salita", recordó.
Desde entonces, desarrolló una extensa carrera en el nivel inicial, pasando por distintas instituciones y desempeñando diferentes funciones. Su vida laboral también estuvo atravesada por la maternidad y el desafío de compatibilizar la familia con la profesión.
"Cuando trabajé como docente estaba en el turno tarde y tenía a los bebés chiquitos. Era una manera de organizarme, porque cuando yo iba a trabajar mi mamá me cuidaba a los chicos", contó.
Con el paso de los años, sus hijos crecieron y ella asumió nuevas responsabilidades. Hace diez años llegó a la dirección del Jardín Nº 906, una tarea que desempeñó con enorme compromiso.
"Este año hizo 10 años que estaba en la dirección del Jardín 906 y tenía dos direcciones, así que tenía dos cargos", explicó.
Una nueva etapa
La jubilación también implica un cambio profundo en la dinámica familiar. Andrea es madre de tres hijos, de 30, 27 y 25 años, quienes recibieron con alegría la noticia.
"Están contentos de que tenga otro tiempo para mí porque el jardín me llevaba todo el tiempo. También seguía trabajando en mi casa, entonces ellos quieren que haga otra cosa", expresó.
Sin embargo, reconoció que en su familia también hay cierta expectativa sobre cómo será tenerla más tiempo en el hogar.
"Algunos me deben tener un poco de miedo", bromeó. "Más que nada por las cosas de la casa, el orden. Cuando uno está más tiempo en la casa, la convivencia cambia".
Por el momento, no tiene grandes planes para esta nueva etapa. Sí sabe que quiere dedicarse más tiempo a sí misma y a su salud.
"No tengo nada pensado. Sí organizar algunas cuestiones personales y cosas que uno va dejando por la actividad. Quiero cuidarme un poco más, hacer más actividad física, cosa que me recomiendan por problemas de articulaciones y de los huesos".
El agradecimiento de una vida
Al hablar de su carrera, la emoción aflora rápidamente. Son miles los niños y niñas que pasaron por sus salas y decenas los compañeros de trabajo con quienes compartió proyectos y desafíos.
"Le he dedicado mi vida a esta carrera y la verdad que me emociona todos los mensajitos", confesó.
También tuvo palabras de agradecimiento para toda la comunidad educativa y las instituciones con las que trabajó a lo largo de estos años.
"Un agradecimiento generalizado a la comunidad educativa de ambos jardines y de todos esos alumnos que alguna vez pasaron por mí o que estuvieron en las salas que tuve a cargo. Muchísimas gracias. Me han hecho muy, muy feliz".
La docente también destacó el acompañamiento permanente de organismos e instituciones de la ciudad.
"A las instituciones con las cuales trabajé, Consejo Escolar, Inspección, organismos, servicios locales, hospital. Siempre he trabajado mucho en red".
La educación y los cambios sociales
Durante más de tres décadas, Andrea fue testigo de las profundas transformaciones que atravesó la sociedad y, por supuesto, la escuela.
"Está cambiando mucho la sociedad y las instituciones. En la institución educativa te encontrás con todo lo que le pasa a la sociedad y, si esa sociedad va cambiando, nosotros tenemos que cambiar también".
Si bien reconoció que existen situaciones de vulnerabilidad y violencia que preocupan al sistema educativo, destacó que en el nivel inicial de Coronel Pringles esas problemáticas no se viven con la misma intensidad que en otros lugares.
"Sí sabemos que ocurren situaciones de violencia en las cuales intervenimos y tratamos de asegurar que el derecho de los niños se cumpla. Somos miembros de la sociedad y responsables de lo que está pasando".
Con el cierre de su carrera docente, Andrea Ojeda deja una huella imborrable en la educación inicial de Coronel Pringles. Se despide de las aulas, pero no del cariño de generaciones de alumnos, familias y colegas que encontraron en ella a una educadora comprometida, sensible y apasionada por su vocación.
Ahora comienza un nuevo capítulo. Uno sin horarios escolares ni reuniones institucionales, pero con la satisfacción del deber cumplido y la certeza de haber dedicado su vida a la educación de los más pequeños.